EL AMOR TIENE DOS CARAS











{enero 31, 2008}   “AMORES PROHIBIDOS”

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El presente relato no intenta en ninguna manera justificar un comportamiento extraño, mucho menos encontrar el hilo de un argumento deductivo de lo que sucedió, eso se lo dejo a quienes llegan al final del escrito con la sorpresa del morbo y el gesto de Garfield en ojos a media pantorrilla. Pero debo reconocer que estos pocos hilvanes de lo acontecido reflejan la intensidad de un asunto que un día cambió la mitad de mi existencia, de mis planes, de mi vida y hasta este momento no me puede dejar tranquilo porque siento una extraña sensación de dolor de huesos por la noche, si, de ese que viene desde el alma y que crispa las lágrimas en un nudo a la garganta.Nunca la busqué, y sin embargo una noche de sonrisas, la miré de perfil, rostro hermoso dibujado con curvas francesas de la frente a la nariz, luego en plantilla número diez sus labios carnosos humedecían el trazo para cerrar con una suave barbilla a mano alzada, más abajo firmes espirales caligrafiaban una larga cabellera distractora del resto de su silueta; así estaba de entretenido cuando me miró con el pie de la ceja y me dijo:-¿y estás casado?De allí en adelante no pude pensar más en el broche que puso a mi corazón, que luego a las tres semanas se confirmó en un papelito azul, con una despeinada palmera dibujada en grafito y esa frase que me hacía sentir mariposas en el estómago. Ya no podía pensar, ni dormir; sus húmedos besos y sus apasionados ojos cerrados me desesperaban, me dormían y me despertaban con intensas carcajadas ante mis chistes mal contados, pero que hacían agradable la matutina carrera en el espanto de palomas frente a la catedral del parque central.Esa sensación no la deben haber sentido todos, pues la palabra matrimonio es confusa entre si va, si viene, si ata o si libera. Lo cierto es que su dulce y agradable compañía desordenaba el ciclo de soledad al que estaba acostumbrado y me revolvía los sentimientos cada vez que me decía, quizá simples palabras, pero con un fuerte martilleo en el alma mal acostumbrada a amar una sola vez.Era prohibido, para todos los que me recomendaban las evidencias que los amores habían dejado en sus vidas, tal como mi jefe quien con literales ojos de sapo borracho me lo dijo el primer día. – Es penqueado, pero usted sabe lo que hace.Aquel amor era prohibido también para quienes conocían la rutina de mi vida, limitada a tempranos arribos a casa, donde hundido en un sillón dormía como oso mientras la televisión arrullaba mi cansancio y el sofocante sudor de la esponja revolvía los recuerdos de las faenas del día tras pelear contra albañiles y fontaneros. –Es cosa tuya me dijeron.No estoy seguro que pasó, si intento analizar cada una de esas evidencias solo me demuestran que el mundo no está listo para tolerar un amor entregado con toda intensidad en la mitad de un año bisiesto, limitados a ver la vida de los otros en base a las experiencias propias o cercanas; aún presiento que pretenden prohibir las decisiones que nacen de lo que el corazón espontáneo mueve. Caminar por una solitaria calle de Tegucigalpa, besar esos labios un tres de octubre e irse a la casa sin un remordimiento por la decisión requiere un poco más que botar prejuicios; abrazar a esa chica en el lago de Yojoa una vez, repetirlo a los dos meses, al año y a los cinco años sin sentir que la decisión fue errada es creer en el amor prohibido. Sostenerlo por mucho tiempo, es más interesante, cada segundo se vuelve memorable en un escape de semana santa mientras me toma las manos y se aprieta fuertemente en mi pecho hasta alimentar su alma con los latidos cómplices de ese eco melodioso. A la vez, vivo entregado a ese juego, dos polluelos y diez años de matrimonio me han demostrado que el mundo no está listo para aceptar un amor que cada día se vuelve más emocionante; me lo certifican dos ojos que miran hasta la profundidad del universo cada noche, cuando luego de mi rutina loca por cambiar el mundo acudo a ese amor, sueno el portón para revolver el avispero de los pequeñines, los correteo y los acuesto con la doble intención de dedicar el resto de mi día a amar como la primera vez, a la misma chica del prohibido amor, a quien escogí y con quien me volvería a casar de nuevo, como la primera y única vez que lo he hecho.

FUENTE: HTTP://RELATOSCATRACHOS.BLOGSPOT.COM/2007/05/UN-AMOR-PROHIBIDO.HTML

  

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{enero 31, 2008}   ENAMORARSE SIN MORIR DE AMOR

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     COMO ENAMORARSE Y NO MORIR DE AMOR EN EL INTENTO

 Mis conocimientos en esta área son tan bastos como en las matemáticas, dos mas dos es cinco, verdad?, bueno en el amor también existe muchos números que además poseen inexactitud, por ejemplo si se juntan 1 más 1, por alrededor de 1 hora y sin protección terminan siendo igual a 3 después de 9 meses. Siempre he deseado escribir mi visión de este complicado sentimiento, ya lo hice anteriormente en “Que absurdo es el Amor”, creo que en las librerías ya se encuentra agotado, la única copia la compró mi novia y al tiempo la fue a devolver, no quedó satisfecha con el producto, quizás con el autor le ocurrió lo mismo, pero en este último caso no le devolvieron el dinero. En este pequeño ensayo trataré los tipos de amores que existen en un formato que me agradó mucho (ver “como suicidarse y no morir en el intento” I y II).Generalmente se podrá pensar que existe un solo tipo de amor, como se dice “solo existe un amor”, pero no debemos olvidar que para que exista deben haber 2 personas, una enamorado de otra, las dos enamoradas entre sí o ninguna enamorada de ninguna (como mis abuelos a esta edad, ya que ni siquiera se recuerdan si son amantes, esposos, amigos, conocidos o primos) y también he sabido que esa cantidad (2 personas) puede aumentar si es que la relación se vuelve un poco más liberal. Entonces al existir tantos tipos de personalidades, se generan muchas clases de amor, amor-odio, amor-platónico, amor-maniaco, amor-celoso, etc… Amor-Odio: Gin-gan, negro-blanco o gatos-perros, todas estas relaciones son idénticas al amor-odio, excepto en algunos casos el gin-gan, que en momentos joviales podría pasar a ser un gin con gin. Las relaciones Amor-Odio, cuando comienzan con odio pueden terminan en amor y cuando comienzan con amor, pueden terminar en odio, exceptuando mi caso, en que mi novia y yo solo empezamos odiándonos y terminamos odiándonos, en vez de pedirnos matrimonio, nos pedíamos que nos pudriéramos mutuamente, que linda relación habría sido si hubiésemos pasado al nivel del amor. En fin, siempre esta en peligro de romperse el delgado halo que separa el amor del odio, y también el rostro de tu amor, si al mirarlo te despierta por la mañana sin maquillaje. Además uno debe saber diferenciar cuando odiar y amar, imagínate odiar a tu pareja justo cuando esta se coloca cariñosa, te pierdes de una noche de pasión. Al final de cuentas como dice Oscar Wilde “uno mata lo que ama”, cuantas ganas tuve de ser un Oscar Wilde para mi amor.Amor-Platónico: Primero debemos aclarar que platónico no proviene del término plata (dinero en mi país), o sea que no es el amor al cual se le paga, ese tipo de amor recae en la categoría de amor-pasajero, por lo rápido, además por que casi siempre se sube en el lado del pasajero (co-piloto) del automóvil cuando se conoce a)un ser de este uipo. El origen {eal proviene de!Platón (un filo{ofo griego) y s| discurso sobre)el amor, definimo como la admiración a una persona tanto en lo intelectual como espiritual, dejando de lado lo sexual, raro que este filósofo olvidará el sexo, a pesar que en su país y en esa época eran muy comunes las orgías, quizás se molestó por no haber sido invitado nunca, y quiso vengarse, como lo hace un filósofo con ideas. Las personas que sufren de este tipo de amor siempre tienen como amores a personas tachadas de “inalcanzables”, como por ejemplo, profesores, religiosos o personas muy altas, bueno para besarlas más de algún salto debes realizar. Amor-Celoso: “y quien es ese(a)?”, primer síntoma de este tipo de amor, siendo el último los golpes, exceptuando a los amores-sadomasoquistas o a las parejas que poseen la misma profesión, como la de luchadores de la W.W.F (Lucha Libre). Se ha analizado que este tipo de amor refleja un marcado caso de inferioridad, como por ejmmplo el apabullhdo caso de pulgarcito que en un ataque de inferioridad se convirtió en un salvaje celoso, campanita pagó las consecuencias. Este tipo personas }rata a su pareji como objeto de su propiedad, anulando cualquie{ tipo de amistae especialmente la de hombre o mujeres, según sea el caso mmm… bueno a estas alturas de nuestra época, por lo de la liberación sexual, ningún tipo de amistad. Un típico concepto que produce esta situación es el de interpretar la celopatía como una manera de expresar que se ama una persona “soy celoso, por que te amo demasiado”, tanto por parte del celoso como, en ocasiones, la pareja. En la Edad Media estuvo muy de moda los cinturones de castidad utilizado por lo hombres en sus parejas cuando estos viajaban a las cruzadas, pensando que esta era la solución perfecta para el supuesto engaño, me pregunto si alguna pensaron en las copias que pudiese conservar el cerrajero que les vendía estos artilugios.Amor-sin sexo:“Hoy no, tengo dolor de cabeza”. Un caso realmente horrible para la pareja de este personaje. En este tipo de amor la persona se enamora de la otra sin tener sexo para amarla, es una me los amores más Utópicos “me ama por lo que soy y no por lo que tengo”. Existen casos en que la persona tiene ataques de stress y vomita al ver el sexo de su pareja e incluso en otros casos en vez de vomitar se ríe. Este tipo de aversión al sexo es tan común tanto en mujeres como en hombres, sienten nauseas ante la perspectiva de tener un encuentro sexual, y en otras las nauseas se sienten después de dichos encuentros. Este tipo de amor es más cercano al amor platónico, la diferencia estriba en que este amor (amor-sin sexo), es declarado, pero no consumado. Amor-disociado: “Te quiero a ti y a ti” Este tipo de amor tiende a la creencia de que uno esta enamorado de varias personas (a no ser que estés enamorado de alguien con personalidad múltiple) este fenómeno amoroso se conoce como disociación, mientras que para el vulgo a eso se le llama “calentura”. En el hombre, este tipo de)amor produce que agrupe a las mujeres en 2 tipos; primero, las santas, puras y benévolas, en es}os tiempos ya son pocas las que quedan; segundo, son las aptas yara producir placer en la cama,)solo como amantms terminan, si es que no son frígidas. Las mujeres que tienden a este amor se les conoce como …, bueno digamos que las encontramos en las calles a eso de la Media Noche, además como deben amar a varios hombres deben organizarse, dividir el tiempo con cada uno, casi siempre es de 1 hora por clien… perdón por hombre. Amor-fusión: “Los dos somos uno” En este tipo de amor los amantes, terminan creyendo que son uno. A fin de cuentas más que fusión pasa a ser una con-fusión, al no saber determinar quien es quien, ya que se adquiere la personalidad del otro. En el caso de mi abuela, lo único que adquirió de mi abuelo fue su bigote y una deuda en el bar de la esquina. Esta extraña fusión entre los amantes, es quizás el objetivo de toda pareja, es más hubo un caso de un amigo que tanto se mimetizó con su pareja que desde hace tiempo se maquilla, se coloca el vestido y se hace llamar Mindy, pero nuestra sabia naturaleza nos complica el camino a la mimetización, al mostrarnos los pequeños detalles de nuestro ser amado y darnos cuenta que no quisiéramos adquirirlos, como por ejemplo, los olores que asoman debajo de las sabanas, o ese vociferante ronquido. Amor-narcisista: “Espejito, espejito, dime ¿quien es más bonito?” El amor es difícil con este tipo de personas, pues se debe amar el doble al mencionado personaje y a su ego. Para reconocer si nuestra pareja tiende a este tipo de amor, deberemos fijarnos si cumple con estos síntomas; que te pregunte “¿cómo me queda?”, no cuando se este probando ropa, sino cuando te abraza y te mira al espejo; si se toma más de 30 min. frente al espejo, dirás que no es realmente excesivo pero, besándose!!, definitivamente eso cambiará tu opinión; si todas las noches se acuesta con más de medio kilo de verduras, palta sobre el rostro, rebanadas de pepino en los ojos o rebanadas!de papa en la f{ente; o si te afirma que masturbarse para él(ella) es hacer el amor con la yersona que más yuiere.Amor-bovarismo: “Es simplemente perfecto” El afectado de este amor imagina a su amado(a) más alto(a), más rico(a) y, lo que es peor, más atractivo(a) de lo que realmente es, de aquí nace el concepto “el amor es ciego” y en ocasiones no tiene estómago. La idea central es transformar a nuestro amado(a) en el “príncipe azul“ -en el caso de la mujer- y “doncella rosa?”-en el caso del hombre-, llevando siempre una tensión que a fin de cuentas llevará a desilusiones al darse cuenta de que tal perfección no existe, y mostrándonos a nuestro ser amado(a) más cercano a la rana que al príncipe encantado. Al tener claro este concepto, mi experiencia con este tipo de amor fue de la siguiente manera, una bella mujer me dijo muy insinuante: “Siempre que cuando estoy contigo siento ese cosquilleo en el estómago. ¿Qué será?”, a lo cual me di cuenta que estaba exagerando con respecto a mí y pensando en el futuro que podía esperarme con ella, si aceptaba esa insinuación, respondí : “Créeme, es nausea. Siempre lo es, tarde o temprano.Amor-masoquisth: “Quien te)quiere te aporrea” Pero si te gusta ser aporreado(a), entras a esta(categoría de amfr. Se dice que el dolor puede ser muy excitante para ciertas personas, las puedes distinguir ya que son las únicas que están sonriendo en la sala de espera de un dentista. Debemos notar la diferencia entre golpes que forman parte de tu relación digámoslo… intima, a los golpes que son un mero acto de violencia. Mi madre golpeó solo un vez a mi padre, fue por un accidente, casarse con él. Amor-intelectual: “Pienso luego amo” A falta de físico tenemos el intelecto para enamorar, en mi caso suelo decir que sé muchas cosas, aunque en ocasiones lo primero que atrae es la fisonomía que nos ha dado, y a veces quitado, la naturaleza. Las personas que viven este amor sienten una atracción de índole más admiradora que amorosa, una relación estilo alumno-maestro, dejando de lado las calificaciones, y dejando solo los exámenes orales. Lo ûnico que podría)terminar la relación, sería que el alumno supie{a más que el maestro, en ese caso siempre se recomienda tener una buena biblioteca, en donde el principal sea el Kamasutra. Amor-infantil: Este no es el típico amor en que ella lo llama a él “papito” o él a ella “mamita”, claro que no, es un poco mas complicado –y quizás no tan sexy como la idea mencionada inicialmente- trata sobre ese amor en que volvemos a nuestra niñez, en algunos casos a la edad lactante. Aquí nuestro enamorado retrocede tanto a esa edad que su pareja comienza a hablarle estúpidamente “que quiere mi niñito?, aguuu aguuu”. Otro problema que pudiese aparecer en este tipo de relación, puede ser el de pedirle que realice cosas a través del soborno con dulces “vamos a la cama y te regalo este caramelo”(para que realice alguna gracia). Ahora si prefiere el caramelo antes que a ti, debes llevarlo a un especialista o dejarlo en una canasta frente a la puerta de algún desconocido con una nota “ahora es su problema”.Amor-a-jovencitas(os):Este es el impulso de una persona en buscar parejas más jóvenes, que debe cumplir, en cierto sentido, la búsqueda de la Eterna Juventud que antiguamente era a través de sacrificios humanos, algo de sacrificio encontramos aquí también besar a alguien que en cualquier momento pierda la placa dental, debe considerarse como tal. En los hombres la búsqueda de jovencitas es motivado por una satisfacción más carnal, en cambio para las mujeres mmmm… también, todos tenemos derecho a gozar ¿o no?. Uno de los mayores riesgo en este tipo de relación es la intimidad que podría provocar una serie de eventos como por ejemplo que él se duerma en medio del acto o lo que es peor se le pare… el corazón, en el caso de una mujer en vez de nacer un hijo le nazca un nieto y finalmente la sordera, común a esta edad, provoque una difícil comunicación en la intimidad disminuyendo la frecuencias de estos encuentros pasionales al llevarte a un recital de jazz, cada vez que le pidas saxo (según lo que su deteriorado oído escucha).  Amor-sexual:Como bien lo dice James Brown un(a) “Sex- machine”. No se necesita mucha descripción para este tipo de amor que quizás para muchos no se debería catalogar de amor, ya que solo involucra sexo desenfrenado sin tapujos, inhibiciones ni compromiso mmm… ¿donde encuentro a alguien así?, perdón. Volviendo al tema, más que amor es considerado solo un desahogo de los instintos animales que poseemos, quizás esto pueden provocar tipo de asociación como por ejemplo semental ,perra o “es un(a) salvaje en la cama”. Este tipo de amor pude ser asociado a los(as) porno-star, que han sabido sacar provecho de sus cualidades sexuales realizando películas en que el dialogo solo se basa en monosílabos como dame, si, más, dios mío –esto es raro-, etc… un personaje que conocí se dedicó a porno-star, pero debido a su problema (eyaculador precoz) solo podía realizar cortometrajes.

 

FUENTE: HTTP://RIE.CL/?A=5917



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Amores de amores, ¿cuál es el suyo?

Amores feos, escépticos, románticos, intensos, tiernos, chocolocos, racionales, perros, cacorros, a primera vista, el amor de la vida, amores sapos y principescos, dolorosos, sacrificados, platónicos, arrechos, interesados, celosos, espirituales, incomprendidos, amores amigos… Para bien o para mal, seguramente, cada ser humano en diferentes etapas de su vida pasa por algunas de las tipologías antes descritas y, aunque, después de vivirlo, puede dejar de pensar que eso fue amor, las vivencias de ese sentimiento, tan difícil de aprehender, suelen influir drásticamente en el curso de la vida futura.

El Diccionario de la lengua española en su vigésima primera edición define el amor como el “Sentimiento que mueve a desear que la realidad amada, otra persona, un grupo humano o alguna cosa, alcance lo que se juzga su bien, a procurar que ese deseo se cumpla y a gozar como bien propio el hecho de saberlo cumplido. 2. Atracción sexual. 3. Apetito sexual de los animales”.

La primera definición no hace referencia al bien moral, con su connotación maniquea en la que lo bueno se opone a lo malo generando el bien amar y el mal amar; tampoco al bien objetivo que, si se llegara a un consenso sobre cuál es, llevaría a que lo que un sujeto juzga bien para su realidad amada no sea considerado bien objetivo y, por tanto, revoque la calidad de amor para el sentimiento que lo mueve; por el contrario, la definición acepta que el simple juicio del enamorado de lo que es bueno para el ser amado, su simple intención de hacerle el bien, convierte su sentimiento en amor.

La segunda y la tercera definición añaden al concepto el envés de la disyuntiva que ha ocupado a los filósofos durante siglos: ¿el amor es espiritual o es carnal? La primera definición no descarta la carnalidad, puesto que el amante podría reconocer el bien para su amado en esa esfera; la segunda tampoco descarta lo que podríamos llamar espiritualidad porque según algunos estudios la atracción desborda lo físico e involucra aspectos varios de la personalidad; y la tercera acepta sustantivar como amor los apetitos de los animales, aparentemente, carentes de espiritualidad, lo cual tal vez sería justo extender a los humanos que también, ahora sí, pueden sentirse atraídos exclusivamente de la carnalidad.

Pero que la colectividad humana o incluso alguna comunidad más específica se apegue, en teoría y práctica, en razón y emoción, a definiciones más o menos moralistas, más o menos objetivistas, o intente decidirse entre la dualidad ‘espiritualidad – carnalidad’, no es tan sencillo como abrir este diccionario en la página 129 y elegir una acepción. Sin ánimo de pretender relativizar el concepto más de lo necesario, considero que una buena forma de llegar a la verdad (que bien podría ser la que enuncia el diccionario), al consenso que es el que termina determinando lo objetivo, es partir de las subjetividades, de las formas particulares (y a la vez, quizás, universales), como cada cual se aproxima a algo tan sublime, gozoso y doloroso, o tan pedestre, elemental e instintivo, como el amor.

Por eso he intentado definir algunas de las formas como nos aproximamos, o creemos que lo hacemos, a ese sentimiento. Pero no, aún, con rigor científico, sino con humor. Con humor cruel en ocasiones. Con la misma crueldad con la que nos reímos de quien resbala y cae aparatosamente (que en el fondo no es burla por la desgracia ajena sino alivio porque le pasó a otro y no a uno mismo). Con la malévola crueldad que reímos cuando alguien se asusta de una inofensiva aparición que alguien le disfrazó y, también, con la saludable despreocupación que el asustado ríe cuando descubre que no había nada que temer en realidad o que si lo hubo, ya no lo hay.

Porque el amor se parece, a veces, a una caída aparatosa (por algo en inglés enamorarse es “to fall in love”), también se parece a la incertidumbre y la sorpresa, también asusta y solo deja de asustar cuando queda en el pasado y mientras permanece allí.

 

Amores de amores, definiciones

Amores cacorros (encacorres): dícese de las tragas malucas en las que caemos cuando tenemos nuestra primera relación visceral (a veces el primer enamoramiento, la primera relación sexual, la primera pareja estable…). Algunos eufemistas prefieren llamarlas ‘caprichos’.

Amores escépticos: aquellas relaciones en las que uno o ambos integrantes de la pareja piensan “no estoy enamorado y tal vez no llegue a enamorarme, pero no importa; como estamos, estamos bien”. Este tipo de amor suele darse entre personas que han salido mal libradas de un encacorre o profundo enamoramiento y no quieren volver a ser vulnerables.

Amores descuartizadores: lo que les interesa no es el ser humano integralmente sino alguno de sus componentes: su belleza física, su éxito laboral, su destreza casi gimnástica en la cama, el tamaño de alguna o algunas partes de su cuerpo, su éxito laboral, lo bonito que habla, etc. Esos amores solo son disfrutados por el descuartizador en el contexto en que sean valiosos: expomoda, una tertulia literaria, un matorral en un parque público… Un descuartizador se siente completo cuando tiene un novio o amante para cada ocasión: el de mostrar, el de tirar, el de conversar…

Amores románticos: véanse amores heroicos, tiernos y de toda la vida.

Amores intensos: no aceptan un ‘no’ por respuesta. Quieren estar ‘encima’ a toda hora y pertenecer a cada esfera de la vida de su amado. Para dejarlos puede ser necesario cambiar de número telefónico, universidad, país y hasta identidad…

Amores tiernos: dicen cursilerías, pretenden hablar como niños pero les suena como enfermos del síndrome de down, regalan peluchitos maricas y toda suerte de adornitos inútiles y no les da ni pena.

Amores chocolocos: pueden salir con cualquier cosa, desde invitarte a acampar en el traspatio hasta asaltarte en el vestier de un almacén y hacerte el amor frenéticamente. Los hay desde verdaderamente desquiciados hasta inofensivos pero creativos.

Amores racionales (pragmáticos): todo lo miden y lo calculan, le temen a cualquier tinte patológico que pueda tomar la relación y, para evitar excesos, prefieren fijar frecuencia de los encuentros (“todos los jueves menos lo de luna llena”), intensidad de los besos (según sean en horas de oficina o en sitios públicos) porcentajes de aporte para cada salida (“te toca dar $9.675, amor. Exactamente la mitad de lo que gastamos en boletas, pasajes y palomitas”) y hasta duración mínima y máxima de los ‘polvos’. A veces admiten romper algunas reglas en los cumpleaños, aniversarios, día del anestesiólogo o si Colombia golea a Argentina. Nota: no les des poemas, pero si te atreves no les escribas que el amor reside o nace del corazón, te expondrías a una larga exposición sobre su fisiología y anatomía.

Amores a primera vista: se dice de aquellos encuentros en los que las dos parte están entre arrechos y ansiosos por encontrar a alguien y sentirán química ante el primero que les haga ojitos.

Amores perros: Aquellos que todo el tiempo están de cacería. Se podría decir que tienen un corazón muy grande, pero también se podría decir que son unos inmaduros, incapaces de comprometerse con una sola opción. Suele tener problemas de estima y autoaceptación, por eso requieren demostrarse que pueden ‘levantar’ cuando quieren y dependen de la reiterada admiración de los otros.

Amores de la vida: construcción romántica que desconoce que nada es inmutable y que el hombre, al igual que la mayoría de los seres del universo, cumple ciclos que implican cambios.

Amores sapos: especie de ingenuidad que conduce a algunos a confiar en que alguien que se comporta como un vil sapo de pantano, que es de lo más falso y anfibio, puede, de un momento a otro, empezar a comportarse como un príncipe azul.

Amores dolorosos: aquellas relaciones en las que, uno o ambos, tienen tan enredadas las conexiones del sistema nervioso, que las ofensas y maltratos que les infligen son recibidas como estímulos placenteros. Que su pareja les exprima hasta el último peso y les deje marcada la hebilla de la correa en un ojo es para ellos un sublime gesto de amor puro y total.

Amores platónicos: engendro que deforma bestialmente la búsqueda filosófica de Platón. Quienes profesan este tipo de amores son algo así como arqueros a los que les da diarrea antes de los penaltis y nunca se enteran de cómo les habría ido si hubieran intentado atajarlos.

Amores arrechos: ‘siempre listos’ parece ser la consigna de este tipo de amorosos. No invitan a teatro ni a paseos, ni preguntan como te fue en el examen ni si se alivio tu abuelita, no hablan del futuro ni del pasado ni… Mejor dicho, no hablan a menos que sea de sexo, pero principalmente lo practican con suma diligencia sin prestar mayor atención al lugar o el contexto.

Amores heroicos (sacrificados): entienden en el amor una renuncia a lo que sea: a los bienes materiales, a la salud mental, al futuro profesional, a la realización personal. Sacrifican lo que su pareja les pida y si no les pide nada, lo sacrifican todo. A veces se cuidan de hacer sentir culpable a su pareja por todos sus sacrificios.

Amores interesados: buscan con distraída atención en su interlocutor cualquier detalle que dé indicio de su bienestar… económico. Son expertos en marcas, sitios ‘play’, barrios y universidades de alto estrato. Sus presas predilectas son los feos derrochadores y los ‘traquetos’. No recomendados para tacaños ni sensibleros que piensen que el amor es más que un intercambio comercial.

Amores idólatras: buscan en el otro un espejo que refleje todo lo que no son y una especie de deidad que merece todo tipo de adulaciones y adoraciones. Tienen buen complemento en los ególatras y narcisistas.

Amores de carpintería: son amores que se buscan, o en los que se incurre, con el ánimo de olvidar una vieja relación con la filosofía de ‘un clavo saca otro clavo’. Nota: ojo con los machucones y las puntillas torcidas.

Amores amigos: surgen del conocimiento mutuo, la complicidad y la transformación de los afectos fraternales en eróticos.

Amigo – amantes: aquellos que necesitan fachadas para disfrazar la atracción insuficiente o el miedo al compromiso y cuyos acercamientos tienen como excusa ‘accidentes’ o los efectos del licor.

Amores solidarios: les interesa el bienestar propio, pero sin desconocer que enfrente hay un interlocutor con sueños, miedos y posibilidades de elección, que necesita pista tanto para aterrizar como para desplegar las alas y buscar su propio destino. Crean lazos que unen pero que no asfixian.

Amores incomprendidos: pueden enmarcarse en cualquiera de los tipos anteriores, con la particularidad de que realmente les han movido el piso y se los siguen moviendo a pesar del paso del tiempo, la distancia, la negación, los consejos de los amigos, la mensualidad a la psicóloga, los exorcismos, etc.

  El final de la búsqueda

Pero, ¿por qué entender el amor como una caída que mejor sea para otro y no para uno, como una aparición siniestra que asusta a pesar de ser intrínsecamente inofensiva? Sospecho que porque al amor se asocian sentimientos y comportamientos que relacionamos con una especie de minusvalía emocional, de (*lo que les ponen a los caballos para que no miren a los lados*) a la autodeterminación. La dependencia, el desamor, el abuso, la incapacidad de ver el engaño, el compromiso, la pérdida de parte de la libertad, etc., nos asustan.

Sin embargo, la anterior clasificación tampoco pretende ser una minitaxonomía de las patologías eróticas. Sería como calificar de patológicos los extravíos, distracciones y fantasías aisladas de los niños; o las incontinencias urinarias y fecales en los primeros años; o cierta torpeza motriz que se enfrenta en el umbral de la adolescencia debido a las nuevas dimensiones de nuestro cuerpo. En el amor sensual, igualmente, tenemos un nacimiento y un crecimiento, un proceso de aprendizaje que, al menos por ahora, no se puede hacer en la teoría sino en la propia experiencia.

Lo que no me atrevo a anunciar es lo que encontremos al final del experimento, superadas las etapas, alcanzada la madurez: ¿el verdadero amor como noción?, ¿la autoridad para encerrar el concepto en una definición justa y objetiva?, ¿o, acaso, el descubrimiento de que extravíos, sentimientos volátiles, dolorosas y aparatosas caídas, incertidumbres y miedos, nostalgias e intentos fallidos; conjugados, por su puesto, con instantes de júbilo, emociones inconmensurables y orgasmos memorables; son al mismo tiempo motivo de la duda y respuesta a la pregunta? ¿Es la experiencia de enfrentar el amor nuestro de cada día, así de particular, equivalente a la noción universal de amor que, por particular y plural, solo cabe en tantas definiciones como enamorados? ¿Es la incertidumbre o la certeza de que no hay respuesta, el fin de la búsqueda?

 FUENTE: POR HERNANDO ESCOBAR VERA (NANDOEV@YAHOO.ES) HTTP://WWW.GEOCITIES.COM/GAEDSUN/DOCS/AMORESDE.HTM 



{enero 11, 2008}   PAREJAS DESDAREJAS

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PAREJAS DESPAREJAS: CUANDO ELLAS SON MAYORES QUE ELLOS
Si hace unos años, estas relaciones eran consideradas escandalosas, en la sociedad hoy existe un mayor nivel de tolerancia frente a ellas. Las razones de un fenómeno que se multiplica entre la gente común y corriente.
Si una buena chica elige a un hombre mayor y socialmente asentado, es sensatez. En cambio, si un buen chico elige a una mujer mayor, exitosa y poderosa, es explotación. Para una gran mayoría, es un gigoló. Así se articula el tabú social en relación a las parejas de las maduras con los jovencitos”, sintetiza Irene Meler, psicoanalista y coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires.
El enganche mujer mayor-hombre menor, pone en juego la filosofía personal de cada uno y en un grado superlativo la madurez de la sociedad. En Argentina, una encuesta realizada la semana pasada en Ciudad Digital dejó al descubierto la caída de muchos prejuicios. Un 59% de los votantes opinó favorablemente en relación a estas parejas, mientras que un 35% las admitió aunque dijo que no las elegiría para su vida y sólo un 6% se manifiestó absolutamente en contra de este tipo de vínculos.
Para Meler, las opiniones encontradas se explican porque “esta asimetría plantea una reversión de la ancestral dominación masculina. Se sabe que la pareja considerada ideal es la compuesta por una mujer con un hombre algo mayor, algo más inteligente, algo más rico y algo más alto”, dice. “Esta es la fórmula que conforma el requisito pre-erótico de la tendencia hegemónica. Por eso, que algunos hombres y mujeres, aunque sean una minoría, puedan armar el deseo sobre una base diferente e inversa, es algo que aparece como revolucionario”.
Por lo pronto, ya en los Estados Unidos, este tipo de relaciones alcanzan a un 31% de las parejas integradas por mujeres de más de 30 años, triplicándose la cifra registrada en 1980.
La diferencia de edad tampoco es motivo de impedimento en las parejas inglesas. Un artículo reciente publicado por The Sunday Times certifica una tendencia en alza: esta clase de parejas se multiplicó por dos ya que pasó de un 12% a un 25%, entre los años 1990 y 2000.
Edmundo Prado es un arquitecto de 62 años. Desde hace más de 20 convive con una mujer ocho años mayor. No tienen hijos. Y aunque pide mantener el nombre de su pareja en reserva, cuenta su experiencia. “Al principio me costaba comunicárselo a mis amigos. Me llevó años de terapia aceptar que, cuando te enamorás, te enamorás. Además, creo que a esta cuestión se la sigue viendo como un escándalo. Es que nuestra cultura occidental plantea relaciones heterosexuales, monogámicas y reproductivas. Cuando una mujer mayor se engancha con alguien menor la elección no está puesta en la reproducción, sino en el placer. Algo que molesta a la sociedad”, apunta.
Hasta hace unos años, este nuevo paradigma de pareja era poco menos que un atentado a la moral. En cambio, la abrupta inserción laboral de la mujer, así como su éxito social y la conquista de espacios intelectuales, le ha permitido sentirse “deseada” desde un lugar diferente. Además de amor, ellas pueden brindar experiencia, seguridad y prestigio, todo un cambio de timón en las reglas de poder que regían las relaciones heterosexuales.
Adelaida Estrada es pintora. Tiene 53 años y vive en Pilar con un escultor doce años menor. En su opinión, estas relaciones siempre aparecen rodeadas de un halo de prejuicio. “Cada vez que una mujer es vista con un hombre más joven, la gente piensa que ella le paga. Parecería que una mujer no puede ena morarse de un tipo de otra raza, una clase social distinta o más joven que ella. Y, aunque a mí no me importa, me manejo con mucha discreción porque a veces siento que me miran mal”.
“Frente a una sociedad con muchas inhibiciones hay que tener coraje para salirse de la norma”, apunta la psicóloga Verónica López. “Por otro lado, mi experiencia en el consultorio me permite afirmar que la independencia femenina ha reposicionado a la mujer en la carrera del amor, permitiéndole mantener en el tiempo tanto la vitalidad de sus afectos como su sexualidad. Hoy no pesa la diferencia de edad sino la opción de vivir en casas separadas para preservar a los hijos de la relación o para conservar la autonomía”.
“Los trabajos de campo más profundos marcan una crecimiento de este tipo de relaciones”, asegura la socióloga Nora D”Alessio. Y agrega: “Este fenómeno se explica porque las mujeres son menos promiscuas que los hombres. Después de un divorcio, ellas tienden a armar nuevamente pareja. En la actualidad, con la cantidad de homosexuales declarados y la falta de hombres, las mujeres mayores se vuelcan a los más jóvenes como una manera de repetir la experiencia de su primer matrimonio, al que pueden corregir con la experiencia”.
“Ya lo decía Oscar Wilde: El segundo matrimonio es el triunfo de la esperanza sobre la experiencia”, ironiza el filósofo y poeta Santiago Kovadloff. “Personalmente le tengo terror a la generalización, a caer en la sociología del amor. Por eso, antes de preguntarnos qué significa el hecho de que una mujer pueda relacionarse amorosamente con un hombre menor que ella, deberíamos preguntarnos, en mi modesto entender, de qué mujer hablamos y de qué hombre, porque la singularidad de cada caso aconseja siempre ser muy cauto”.
El psicólogo Julio Graino, especializado en “relaciones desparejas” adhiere a la tesis de Kovadloff. “Cuando se intentan explicar este tipo de vínculos se corre el riesgo de poner a todos en una misma bolsa sin comprender que en toda elección se juega la ”neurosis” de cada uno. O, dicho de otro modo, los miedos, ansiedades, angustias, obsesiones y conflictos inconscientes. Algunos casos, referirán la relación madre-hijo y el hombre buscará a su madre o cierta idea de seguridad, mientras en otros la mujer perseguirá el ideal de juventud. Pero esto nos lleva a sostener el prejuicio. Más allá de la diferencia de edad, estas parejas se pueden enganchar por amor; porque se enamoraron; porque les da la gana y no porque detrás de ellas se esconda una patología”.
“No se trata de una enfermedad, sino de algo que, lamentablemente, está inscripto en los cuerpos”, refuta Meler. Y considera que “el atractivo sexual todavía se basa en la fuerza masculina y la debilidad y dependencia de la mujer. Esta ley del deseo abarca incluso a personas liberales que, en la intimidad, responden al modelo de dominio-subordinación. Es más fácil derogar leyes que cambiar la forma de desear en la intimidad”.
Interés, amor, deseo, miedo, fe o perversión. Seis móviles sobre los cuales puede articularse el accionar del hombre y la mujer. ¿Quién podría determinar con exactitud la fórmula básica de cada pareja? En boca de Kovadloff “si algo distingue la época en que vivimos es la ruptura de los paradigmas convencionales de la relación heterosexual. Por lo tanto, a esta configuración de pareja debe inscribírsela (y no juzgársela) como un intento de afirmar la experiencia amorosa en cauces nuevos. Hay que dejarse llevar por la historia sin presumir que todo lo que uno vive es demasiado original”.

Texto de Andrea Rabolini. DE LA REDACCION DE CLARIN.
FUENTE: http://www.clarin.com/diario/2002/09/15/s-03815.htm



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