EL AMOR TIENE DOS CARAS











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Por Antonio Orozco  (Misterios de la afectividad Conversación con Don Ramón Montalat Presbítero y Doctor en Derecho)

 En los misterios de la afectividad hay unos cuantos sentimientos que pueden confundirse fácilmente con el amor. No es un descubrimiento el notorio aumento de «fracasos matrimoniales» en nuestra sociedad. Las causas son varias y complejas. Una de ellas, sin duda, son las desafortunadas leyes divorcistas. Pero hay más. Existen razones para pensar que, sorteando determinados errores, se puede reducir considerablemente el riesgo de tan lamentables frustraciones. El profesor Ramón Montalat ha escrito mucho y nos parece que bien, sobre la psicología del amor y de los enamorados. Los novios. El arte de conocer al otro, es uno de sus títulos recientes. Con su experiencia en el trato tanto con gente joven como madura, puede descubrirnos algún criterio para identificar lo que es digno de la palabra amor, en el sentido grande, tanto por lo que respecta al noviazgo como al matrimonio.P. -¿Qué misterio encierra el amor, que puede hacer feliz o desgraciada a una persona, y hasta a una sociedad? ¿Es adecuado hablar, precisamente, de misterio, cuando se habla del amor en su sentido más noble?R.—Sin duda alguna; el mundo de los afectos es un mundo prácticamente inexplorado, lo cual no significa que algunos autores no hayan desvelado aspectos muy importantes de las relaciones hombre y mujer, o chico y chica. Sin embargo es preciso reconocer que, entre mucha gente, hay una enorme ignorancia sobre el tema. Lo cual puede tener efectos muy graves para la persona, la familia y la sociedad.P.-Usted, en su libro Los novios, los misterios de la afectividad, viene a decir que hay unos cuantos sentimientos que pueden confundirse fácilmente con el amor. Después de describir alguno de ellos, exclama: «¡cuidado!, eso todavía no es amor». ¿Podría decribir los sentimientos que guardan alguna relación con el enamoramiento y no son sin embargo amor? LA ATRACCION SEXUAL Y EL ENAMORAMIENTOR. Empecemos por la “atracción sexual”. Se describe muy sencillamente: se trata de una fuerza genérica, que Dios ha puesto en el corazón de los seres humanos, mediante la cual los hombres se sienten atraídos por las mujeres y, éstas, por los hombres.P.-¿Todos los seres humanos estamos “atrapados” por esta fuerza?R.Es un modo de decirlo. Pero hay que descodificar el modo de orientarse en medio de esa corriente tumultuosa en la que todos estamos inmersos. Si esa fuerza no contara con ciertos contrapesos, las relaciones entre mujeres y hombres serían caóticas. Prácticamente la familia no existiría. La sexología no sería más que una parte de la zoología. Pero, efectivamente, como usted sabe, existe una segunda fuerza que guarda relación con otro sentimiento: el estar enamorado.P.-¿Qué añade el enamoramiento a la atracción sexual?R.-La atracción sexual, como he dicho, es genérica, refiere simplemente al otro sexo, en general. El enamoramiento es más personal. Se refiere a una persona del otro sexo con exclusión de las demás. Pero es muy importante advertir que en la evolución de la efectividad el enamoramiento no se refiere todavía a una persona individual, concreta, irrepetible. Se refiere más bien a un tipo de persona; se tiene un «ideal» de hombre o de mujer, de chico o de chica. Muchas veces se oye «este chico está muy bien, esta chica es muy guapa, pero no es mi tipo». Aquí tenemos una clara alusión al ideal de persona que se tiene del otro sexo. Esta fuerza, también infundida por Dios en el alma, hace que, para cada persona, la atracción de los sexos se concrete en unos ocho o diez tipos de personas del sexo opuesto.Este ideal hace su aparición en la adolescencia y ya no desaparece. Pero está sometido a una evolución permanente. En la adolescencia, el ideal de persona del otro sexo está configurado por elementos preferentemente físicos; por ejemplo, color de los ojos, cabellos, anchura de hombros, cintura estrecha, etc. Más adelante, cuando la persona va evolucionando hacia la madurez, también va madurando este ideal en el sentido de enriquecerse con elementos de carácter moral; es decir, que a las personas les va interesando, junto con los elementos físicos, los aspectos morales de la otra: simpatía, vitalidad, capacidad de trabajo, capacidad de decisión, etc. Sin embargo, permanecer en el plano del “ideal” sin descender al plano de lo “real”, es una posibilidad muy peligrosa. CÓMO ENFOCAR EL IDEALISMOP.-El idealismo, en cierto modo, goza de mucho prestigio, sobre todo en la juventud. En que sentido es peligroso?R.En el sentido de que no es lo mismo amar una “idea” que amar a una “persona”. Si uno se cree que ama a una persona pero lo que ama es una idea de persona, la frustración puede ser tremenda. La solución consiste en tratar a la otra persona. Hay que apearse de la idea y bajar a la realidad. Lo explico a través de un caso práctico. Es decir, a través de una historia. El caso presenta a un periodista que se enamora de la secretaria de un político. Al verla, piensa que está enamoradísimo. Pero al tratarla se da cuenta de que su “idea” no coincide en nada con la realidad. Y rompe el noviazgo. Si se hubiesen casado, se habría rodo el matrimonio. ¿CÓMO SE ENTIENDE EL «FLECHAZO?P. -El «flechazo» significa el encuentro con el «ideal»?R. Porque existe el ideal, existe el “flechazo”. Los autores literarios lo describen poniendo en boca de él o de ella frases como esta: “te acabo de conocer y me parece que te conozco de toda la vida”. Eso lo dicen en el momento en que ambos se conocen. Ya se ve que aquí hay un error. Lo que cada uno conoce “de toda la vida” (o lo parece) es su “ideal”. La persona «real-ideal», por así decirlo, se podrá conocer después de haberse formado el ideal. Una vez conocida, ya se verá si coincide o no con la persona “imaginada”. En la mayor parte de los casos, por cierto, las personas somos distintas de como hemos sido imaginados.P.–¿Todos los enamoramientos inician en un flechazo, es decir, en el encuentro de lo meramente ideal con lo que al menos parece ideal encarnado?R.- Ni mucho menos. En mi libro lo ilustro por medio de otra historia de amor. La historia de Antonio y María José. En este caso no hubo flechazo como en el del periodista y la secretaria del político. Sin embargo, aqui la historia termina bien. Antonio y María José acaban casándose y son muy felices. DESCUBRIRSE COMO UN SER CAPAZ DE INSPIRAR AMOR.P.- ¿Existen otros sentimientos que pueden desorientar a la gente joven en su empeño por crear un amor duradero y estable?R.-Sí, existe. Muchos que se casan pensando que sienten el verdadero amor no es verdad que lo sientan. Lo llamo “la especial complacencia de descubrirse a sí mismo como un ser capaz de inspirar amor”. Y lo describo por medio de otra historia que es la de Guillermo y María Rosa. Es un sentimiento legítimo, pero no es amor a la otra persona. Guillermo, al decirle María Rosa que le quiere, experimenta una satisfacción grande, e intenta describirla diciendo que experimentó un sentimiento semejante al de cuando aprobó un examen difícil. Experimentar que uno es capaz de aprobar un examen, de inspirar amor, o de llevar a cabo una ardua gestión, produce una satisfacción, una complacencia; pero esta complacencia no es el amor.Desgraciadamente hay parejas que se casan impulsados, al menos uno de ellos, por ese sentimiento. Son esas parejas de las que se dice que él o ella “se deja querer”. Son uniones que pueden durar toda la vida, pero a menudo no sucede así. No hay garantía. Dejarse querer no es querer. El amor es un sentimiento mutuo, que impulsa a la mutua donación, a la entrega total de uno mismo al otro y viceversa. Podría decirse que es el encuentro de dos amores, es decir de dos personas que deciden y se comprometen irrevocablemente a compartir toda su vida, ambas vidas.P.- Veamos más errores cuyo descubrimiento pueda ilustrarnos alguna otra verdad.R.- Pues bien, un error no pequeño es confundir el amor con el deseo, inconsciente o no, de participar en la fama del otro, o de su dinero, o de una familia con solera. Lo explico mediante otra historia, la de Isabel, una mujer que se casó con un artista famoso. Pero es un poco larga de contar. COMPONENTES DEL AMOR HUMANOP.- Hasta ahora hemos hablado de lo que no es el amor. ¿Nos permite preguntarle sobre lo que es en verdad el amor?R.- El amor es la fuerza más poderosa que vibra en el corazón del hombre. Pero como todo lo humano, no es una realidad simple, sino compleja. Está compuesto por varios elementos. Es una pluralidad de elementos organizada. El objetivo del noviazgo consiste precisamente en “organizar” dicha pluralidad. Es toda una tarea.P.-¿Y cuales son los elementos que componen el amor?R.—Pueden reducirse a cuatro: El primero es la atracción mutua, física y moral; si unos novios no se sienten atraidos en alguno de estos aspectos, es mejor que lo dejen. El segundo es la imaginación: hace falta ejercitar la imaginación para descender de la “idea” a la “realidad”, como ya hemos visto antes; pero también se requiere imaginación para verse conviviendo toda la vida con una persona que tiene tales o cuales defectos… Tercero, el dominio del “yo”; el “yo”. como es natural, ha de intervenir íntimamente para que el amor sea personal, pero, a la vez, hay que mantener el “yo” a raya para que no lo invada todo y anule al otro; ambos deben dominar su “yo” respectivo (eso es propiamente libertad, dominio, señorío sobre uno mismo) para que pueda existir entre ellos “amistad”. Cuarto, es, precisamente, la amistad; marido y mujer deben ser los amigos más íntimos entre todos los amigos; y esa posibilidad debe verificarse en el noviazgo: hacerse y comprobarse; hay parejas que se gustan, pero que no tienen capacidad para ser buenos amigos. ¡Que lo rompan, porque no serían felices!. MEZCLAS AFECTIVAS Y SINTESIS AFECTIVASP.—Habla usted de cuatro elementos organizados. ¿Cuál es el principio organizante?R.Es otra fuerza que actúa en las personas, en todas las almas. Es el ansia de amar y ser amados. Una de las aportaciones de Gustave Thibon para un mejor conocimiento de la afectividad, consiste en su concepto del amor como «totalidad organizada». El propio Thibon pone un ejemplo muy gráfico. Pensemos en el vino, dice este autor; está compuesto por cuatro elementos: agua, alcohol, tanino y colorante. Si tomamos un poco de cada una de estas sustancias y las mezclamos en un recipiente, ¿qué obtendremos? ¿Vino?, no; lo que obtendremos será una extraña mixtura bastante desagradable. Para obtener vino nos falta algo más. Falta el “principio ordenador”.Thibon, traslada este ejemplo al campo de la afectividad, y distingue las “síntesis afectivas” de las “mezclas afectivas”. Se entiende que no basta con mezclar la atracción, la imaginación, el “yo”, y la amistad, para que resulte un amor sublime y eterno. Cada uno de estos elementos deberá entrar en composición con los demás en una determinada medida y proporción. Y entonces es cuando el “ansia de amar y ser amado” estructura el amor como una verdadera “síntesis afectiva” capaz de perdurar en el tiempo y hacer que la pareja esté cada vez más unida.P.—Entonces tiene sentido lo que suele decirse: «hay química»; o «no hay química»… Ahora bien, cómo puede llegarse a la certeza de que los sentimientos hacia una persona concreta, de carne y hueso, pueden llegar a componer un sentimiento profundo y estable, un amor perdurable?R.-Certeza absoluta no se puede tener en nada humano. En todo caso podríamos hablar de una suficiente garantía, o de una gran probabilidad. En este sentido, humanistas de todos los tiempos coinciden en afirmar que dos personas tienen mayor probabilidad o garantía de llegar a quererse irrevocablemente cuanto mayor sea su grado de afinidad. Filosóficamente esta verdad se enuncia desde hace siglos diciendo que “lo semejante ama lo semejante”, “la semejanza es causa del amor; la desemejanza, causa de odio”. A veces se cree que «chocan» («no se quieren») por tener caracteres iguales, pero no es así. Estas persona chocan y se quieren poco, porque sólo son semejantes en los “defectos”. Y los defectos no unen, sino que separan. Cuando se dice que “la semejanza es causa del amor” hay que referirlo a las “cualidades”. Dos personas que poseen cualidades semejantes, se quieren. El noviazgo no es tarea fácil, pero sin duda posible y, huelga decirlo, apasionante. Y más aún el matrimonio como Dios manda: uno con una y para siempre. 

 FUENTE: http://www.encuentra.com/documento.php?f_doc=1624&f_tipo_doc=9



{diciembre 7, 2007}   AMOR Y AFECTO

 

Amor, afecto y desarrollo

Creo que queda claro el tema de la necesidad de los demás. También quiero destacar aquí la necesidad de ese reconocimiento, de las manifestaciones afectivas. Necesitamos “sentir” que el otro nos ama y también necesitamos manifestarle al otro que lo amamos. Esto lo manifestamos con nuestro cuerpo. El cuerpo es el campo expresivo del hombre donde realiza su existencia. En todo sentido. Y en el hecho de ser para los demás el cuerpo adquiere otro significado, como presencia en el mundo, como origen de la instrumentalidad y de la cultura y en este caso que nos interesa a nosotros, como comunicación con el otro y reconocimiento del otro.El lenguaje táctil es otra forma de lenguaje corpóreo que se da específicamente en el afecto y en las expresiones corpóreas de afecto. Continúa Gevaert: “El abrazo, la caricia, la ternura, el cachete, etc., son un lenguaje cuya importancia resulta muchas veces decisiva, no sólo durante los primerísimos años de la infancia, sino incluso en la vida del hombre adulto, en lo que respecta al equilibrio humano y a la posibilidad de comunicar con los demás. La psiquiatra A. Terruwe observa:Cuando se ama a alguien, se siente naturalmente la necesidad de tocarlo. La madre toma al niño, lo aprieta contra su corazón, lo mece; el hombre estrecha la mano del amigo, le da una palmada cariñosa en la espalda; la muchacha camina del brazo, abraza, besa, acaricia; de este modo hay infinitas formas táctiles con las que se manifiesta el afecto… La expresión táctil del amor es la más original de todas.”El niño que no ha experimentado un amor afectivo no sólo no llega a madurar en sus sentimientos, sino que cae en la neurosis. Sin entrar en terreno psicológico me parece necesario ver este problema con una dimensión también filosófica, puesto que afecta al hombre en su ser más hondo. No sólo psicológica, sino también humanamente la suprensión del amor afectivo y las manifestaciones de afecto pueden conducir a una neurosis de frustración. Esto es algo muy típico en nuestra civilización moderna.Otra forma expresiva de afecto es simplemente estar juntos, aunque no se diga nada. Este silencio puede tener una gran intensidad de lenguaje.”La afirmación, contenida en el amor afectivo, es por eso mismo el fundamento de toda la existencia social del hombre; es ella la que da al hombre ser lo que es, y al darlo a sí mismo lo hace capaz de ser para los demás, de darse a los demás.”El amor recibido de los demás es uno de los factores más determinantes para el desarrollo y equilibrio de las personas.En el contacto con el otro el hombre se percibe a sí mismo, saliendo fuera de sí. El amor es una respuesta afectiva también sensible. “Si quisiéramos ilustrar la importancia del amor afectivo y del amor en general, podríamos recurrir también a la imagen negativa: el día que un hombre o una mujer tienen la impresión de que no hay nadie en el mundo que los aprecie, caen en la sensación de que el vacío absoluto inunda su existencia.”Seguimos con la idea de la naturalidad del amor y de los afectos. Al hablar de que es algo natural decimos que no es algo adquirido, sino que es idéntico a la naturaleza misma, que no exige intervención del conocimiento. Por lo tanto el amor no es una ficción ni algo artificial ni un fenómeno adquirido por repetición de actos.Desde este punto de vista, el amor es un dato natural y no una fantasía sin relación con el fin natural de los seres.Podemos concluir diciendo que no sólo es necesario recibir amor, sino que también son necesarias las manifestaciones de ese amor que se nos da. Repitiendo un concepto que teníamos antes decimos que entre el amor y las manifestaciones de afecto no hay una relación de causa y efecto sino que tienen una dependencia esencial y de sentido el uno con el otro.

Amor En Sí
Ahora vamos a detenernos un poco sobre el amor. ¿Qué es? ¿De dónde viene? Vamos a comenzar buscándole una definición. En su origen etimológico para algunos deriva de vocablos griegos (que no los vamos a escribir, sólo su traducción). Una de las traducciones significa semejante, pues los que se aman son semejantes; otra es desear vivamente: amor implica un querer intenso y ardiente; otra significa ligar, conectar, pues lo propio del amor es juntar a los amantes. “Amor abarca también el espectro semántico del término caridad, que significó inicialmente entre los latinos lo que expresa el
español carestía, situación en la que se carece de algo necesario.” Esta riqueza semántica (en el griego) delata un poco la riqueza de sentido que lleva la palabra amor.Antes decíamos que el amor estaba incluido dentro de los apetitos concupiscibles o inmediatos o primarios, como una “conveniencia”. Cruz C. aclara un poco esto así: “No se debe confundir el amor con el deseo ni con el gozo o alegría.” El deseo va a surgir del mismo amor que nos va a llevar a gustarlo. El gozo se va a dar en el bien inteligible, el bien del espíritu; y también en la sensibilidad, en el cuerpo. Hay una tendencia al goce, un deseo común, al alma y al cuerpo. Continúa: “El amor espiritual añade al amor en general una elección previa; es claro así que el amor espiritual no se encuentra en los apetitos, sino sólo en la voluntad y únicamente en la naturaleza racional.” Aquí se hace la diferencia entre ese “amor primero” del que hablaba cuando ponía el ejemplo de la madre y el bebé, y cuando ya soy consciente de ese amor, aquí conozco y amo con libertad.Por todo esto sería error considerar al amor como una especia de apetito sensible refinado, como si en lo espiritual hubieran instintos como en lo corporal. Aquí el apetito natural es de cada ser por su bien y el amor sería la forma fundamental y única.”En la persona del “otro” está el objeto formal del perfecto amor: se ama algo porque es bueno, porque encarna la índole del bien: “algo es amado en cuanto tiene razón de bien”. Lo cual no equivale a afirmar la prioridad del amor interesado y la subordinación del bien sujeto al amante. Porque el bien no es bueno porque sea apetecible, sino que es apetecible porque es bueno. Afirmar que el bien es el objeto formal del amor es fundar no sólo el carácter extático o desinteresado del amor, sino fundar el amor sin más.”Ahora, ¿cuál es la causa del amor? El amor que me realiza y perfecciona como hombre no es inmotivado, tiene causa. Podemos resumir la causa del amor así: es el bien objetivo y real de la persona amada. Amar es complacerse en el bien que existe en el otro. Y ese amor lo puedo descubrir de varias formas: cuando amo a alguien: es una experiencia activa e inmediata, el objeto directo del amor es el otro; cuando observo el amor en otras personas que se aman: es una experiencia mediata; y la forma más especial es cuando yo soy amado: es una experiencia pasiva e inmediata y el objeto del amor soy yo mismo; al ser tocado por el amor de otra persona advierto que el contenido del amor se me aproxima de modo único. Todas estas experiencias ayudan a comprender lo que es el amor: afirmación afectiva o complacida que un ser humano hace de la existencia del otro.
El amor es una respuesta afectiva; y puede ser tanto sensible como espiritual.”En el plano ontológico esencial, o desde el punto de vista de la interioridad objetiva, el amor ha quedado definido como el principio radical de la
dinámica afectiva cuyo término es la propia plenitud. Pues bien, desde el punto de vista de la conciencia, el amor es la captación de la plenitud y perfección de otra persona en tanto que susceptible de ser realizada por uno mismo y en tanto que en la realización de esa plenitud va implicada la propia autorrealización, de modo que ésta pueda alcanzar una plenitud antes insospechada. Dicho brevemente, el amor es la captación de un tú, de cuya plenitud depende la propia, y de tal modo que ese tú despierta lo mejor que hay en el yo. Desde esta perspectiva, el amor es un sentimiento y una tendencia.””En el amor se produce, pues, la unión de dos subjetividades de modo que cada una media en la plenitud de la otra. El amor como sentimiento es la anticipación de la realización conjunta de dos subjetividades. Por eso, Aristóteles mantiene que la obra del amor es la unidad, S. Agustín que el amor es la tendencia a la unidad y Hegel que el amor es la unidad de la identidad y la diferencia, es decir, la unidad en la que dos subjetividades alcanzan la identificación de una con la otra pero sin que eso suponga la anulación de una por la otra sino, al contrario, de tal modo que la diferencia se mantenga.”A todo esto decimos que el amor consiste en la respuesta de un ser a otro o al bien idéntico al ser.”Es pues imposible imaginar que nuestra voluntad para amar, incluso con el amor más puro, sin realizar a la vez su propia perfección, o sea, sin obtener por el propio ejercicio del amor del bien, bajo su razón formal de bien último, el acabamiento para el que ella está formalmente hecha y para el cual no puede no ser hecha.”



et cetera