EL AMOR TIENE DOS CARAS











{enero 31, 2008}   “AMORES PROHIBIDOS”

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El presente relato no intenta en ninguna manera justificar un comportamiento extraño, mucho menos encontrar el hilo de un argumento deductivo de lo que sucedió, eso se lo dejo a quienes llegan al final del escrito con la sorpresa del morbo y el gesto de Garfield en ojos a media pantorrilla. Pero debo reconocer que estos pocos hilvanes de lo acontecido reflejan la intensidad de un asunto que un día cambió la mitad de mi existencia, de mis planes, de mi vida y hasta este momento no me puede dejar tranquilo porque siento una extraña sensación de dolor de huesos por la noche, si, de ese que viene desde el alma y que crispa las lágrimas en un nudo a la garganta.Nunca la busqué, y sin embargo una noche de sonrisas, la miré de perfil, rostro hermoso dibujado con curvas francesas de la frente a la nariz, luego en plantilla número diez sus labios carnosos humedecían el trazo para cerrar con una suave barbilla a mano alzada, más abajo firmes espirales caligrafiaban una larga cabellera distractora del resto de su silueta; así estaba de entretenido cuando me miró con el pie de la ceja y me dijo:-¿y estás casado?De allí en adelante no pude pensar más en el broche que puso a mi corazón, que luego a las tres semanas se confirmó en un papelito azul, con una despeinada palmera dibujada en grafito y esa frase que me hacía sentir mariposas en el estómago. Ya no podía pensar, ni dormir; sus húmedos besos y sus apasionados ojos cerrados me desesperaban, me dormían y me despertaban con intensas carcajadas ante mis chistes mal contados, pero que hacían agradable la matutina carrera en el espanto de palomas frente a la catedral del parque central.Esa sensación no la deben haber sentido todos, pues la palabra matrimonio es confusa entre si va, si viene, si ata o si libera. Lo cierto es que su dulce y agradable compañía desordenaba el ciclo de soledad al que estaba acostumbrado y me revolvía los sentimientos cada vez que me decía, quizá simples palabras, pero con un fuerte martilleo en el alma mal acostumbrada a amar una sola vez.Era prohibido, para todos los que me recomendaban las evidencias que los amores habían dejado en sus vidas, tal como mi jefe quien con literales ojos de sapo borracho me lo dijo el primer día. – Es penqueado, pero usted sabe lo que hace.Aquel amor era prohibido también para quienes conocían la rutina de mi vida, limitada a tempranos arribos a casa, donde hundido en un sillón dormía como oso mientras la televisión arrullaba mi cansancio y el sofocante sudor de la esponja revolvía los recuerdos de las faenas del día tras pelear contra albañiles y fontaneros. –Es cosa tuya me dijeron.No estoy seguro que pasó, si intento analizar cada una de esas evidencias solo me demuestran que el mundo no está listo para tolerar un amor entregado con toda intensidad en la mitad de un año bisiesto, limitados a ver la vida de los otros en base a las experiencias propias o cercanas; aún presiento que pretenden prohibir las decisiones que nacen de lo que el corazón espontáneo mueve. Caminar por una solitaria calle de Tegucigalpa, besar esos labios un tres de octubre e irse a la casa sin un remordimiento por la decisión requiere un poco más que botar prejuicios; abrazar a esa chica en el lago de Yojoa una vez, repetirlo a los dos meses, al año y a los cinco años sin sentir que la decisión fue errada es creer en el amor prohibido. Sostenerlo por mucho tiempo, es más interesante, cada segundo se vuelve memorable en un escape de semana santa mientras me toma las manos y se aprieta fuertemente en mi pecho hasta alimentar su alma con los latidos cómplices de ese eco melodioso. A la vez, vivo entregado a ese juego, dos polluelos y diez años de matrimonio me han demostrado que el mundo no está listo para aceptar un amor que cada día se vuelve más emocionante; me lo certifican dos ojos que miran hasta la profundidad del universo cada noche, cuando luego de mi rutina loca por cambiar el mundo acudo a ese amor, sueno el portón para revolver el avispero de los pequeñines, los correteo y los acuesto con la doble intención de dedicar el resto de mi día a amar como la primera vez, a la misma chica del prohibido amor, a quien escogí y con quien me volvería a casar de nuevo, como la primera y única vez que lo he hecho.

FUENTE: HTTP://RELATOSCATRACHOS.BLOGSPOT.COM/2007/05/UN-AMOR-PROHIBIDO.HTML

  



et cetera